TEORICOS DE LA COMUNICACION

En esta sección publicamos artículos de teóricos de la comunicación, a fin de contribuir con el mejor conocimiento de las distintas propuestas que en diversas circunstancias han hecho los especialistas, fundamentalmente latinoamericanos, sobre los campos comunicacionales

 

DANIEL PRIETO CASTILLO

 

NOTAS INTRODUCTORIAS

AL ANALISIS DEL PROCESO DE COMUNICACION

 

Un primer acercamiento a los elementos fundamentales de un proceso de comunicación implica el riesgo de caer en el esquema tradicional de emisor, mensaje, receptor, esquema que si bien a servido para simplificar la cuestión y hacerla accesible a un primer análisis, ha llevado a una comprensión demasiado superficial. Y no nos referimos tanto al ámbito universitario, donde de alguna manera esa simplificación ha sido superada, sino a otros campos en los que son precisos utilizar la comunicación para resolver problemas de amplios sectores de la población. En una encuesta realizada por CIESPAL en 1980, pudo comprobarse que una gran mayoría de organismos dedicados a cuestiones de desarrollo utilizaba un esquema de comunicación de tipo difusionista, basado en una presentación a menudo elemental de emisor, mensaje, receptor. Cuando fallan los conceptos básicos, sea por un error o por un uso parcial de los mismos, puede fallar la interpretación de los hechos y, lo, que es peor, las acciones derivadas de dicha interpretación.

El esquema elemental conduce directamente a una reducción de la riqueza de un proceso de comunicación. La consecuencia más inmediata en la lectura del proceso desde el emisor, incluso por la manera de graficar el esquema: siempre aquel aparece a la izquierda, como si él se originara todo, como si fuera el fundamente de partir del cual es necesario analizar y evaluar el proceso.

Si bien esa superficialidad ha intentado ser corregida mediante algunas preguntas destinadas a especificar las cosas. ¿Quién?, ¿Para qué?, ¿Cuándo?, ¿Dónde?, etc., esto no aclara demasiado el problema, porque lo fundamental es replantear el esquema, pensarlo desde un horizonte más general, desde el contexto que funda el proceso mismo que determina su orientación, la intencionalidad puesta en juego. Nosotros no pretendemos eliminar el esquema, sino presentarlo de otra manera, a partir de los conceptos de formación social y marco de referencia o contexto inmediato.

 

LA FORMACION SOCIAL

Mediante este concepto se alude a la manera en que en un determinado país se articulan las instancias económicas, políticas e ideológicas dentro de un modo de producción dominante y de las relaciones sociales de él derivadas. Dicha articulación no es ninguna manera homogénea para todo el país. No es igual el modo en que viven lo económico, político e ideológico los campesinos de América Latina, que la forma en que lo hacen sectores sociales postergados a las grandes ciudades.

Estas instancias inciden directamente en los procesos de comunicación de una determinada formación social, y no solo en lo relativo a los grandes medios de comunicación. Inciden también en las relaciones más inmediatas, grupales e interpersonales.

Damos algunos ejemplos: no es difícil señalar las implicaciones económicas, políticas e ideológicas que tienen los grandes medios de comunicación. Piense en el papel de la televisión, tanto en la difusión de estereotipos como en la propaganda destinada a mantener la población dentro de muy pobres esquemas de interpretación de la realidad.

Una formación social tiene su historia, dentro de ella es posible analizar y entender la manera en que se consolidan las tradiciones, formas de valores y enfrentar la realidad, formas de relacionarse. Nos referimos a la cultura en general, pero ella se especifica en cada caso, según los sectores sociales en cuestión. No es posible pensar que cultura al margen de la influencia institucional (la Iglesia, el Estado, entre otras) de la manera en que se determinan los códigos de relación de la población de la forma en que dichos códigos fijan precisos límites a la conducta cotidiana. Todo esto es capital para entender el esquema tradicional de comunicación. Uno no es simplemente emisor, uno es emisor en situación, dentro de tensiones sociales, dentro de ciertas relaciones de poder, dentro de un grupo y no de otro.

En otras palabras, lo que fundan al emisor no está en lo esencial, en el sino en las relaciones sociales dentro de las cuales se inserta y vive, según los límites fijadas por la formación social a cada sector de la población. Esto no quiere decir de ninguna manera que tales límites sean de hierro, que la conducta diaria esté determinada totalmente por las condiciones económicas, políticas e ideológicas vigentes. Precisamente el proceso de formación social permite reconocer relaciones sociales contradictorias, espacios de autonomía relativa, presencia simultánea de distintas formas de producción social... Pero siempre se es emisor en una determinada situación, aún cuando la misma contradiga, o busque contradecir de alguna manera las instancias dominantes.

Sartre, en su prólogo a EL Idiota de la Familia afirma que Flaubert fue un pequeño burgués hijo de una familia pequeña burguesa del siglo XIX. "Esto no implica, señala, por qué escribió Madame Bovary". Y para explicarse el origen de esa obra el autor inicia un estudio a partir de una inmensa cantidad de información (estética, psicoanalítica, histórica, sociológica...) Sin embargo, sus límites máximos están en la Francia de la segunda mitad del siglo XIX. El momento histórico de esa formación social es el horizonte último de comprensión. Sin duda hay mucha información que no se agota en la consideración de lo macro, de lo general. El error ha sido confiar toda la interpretación a un análisis de ese horizonte. Es preciso pasar a otros planos para poder comprender lo que ocurre realmente dentro de un proceso de comunicación. Por último, una formación social nunca está sola, sufre las influencias de otra.

 

EL MARCO DE REFERENCIA

Difícilmente uno vive con una consciencia clara de lo que ocurre en el límite de la formación social. La vida de cada uno, como señala Henry Lefebvre, transcurre sobre una gran complejidad, sobre una historia, sobre relaciones sociales que no resultan claras en el diario acontecer. En otras palabras, lo más inmediato constituye un horizonte que se superpone al otro que menudo lo oculta en la consciencia y la conducta diarias. Este ámbito marco de referencia inmediato, es el de la vida cotidiana. Las orientaciones económicas, políticas e ideológicas dominantes en una determinada formación social tienen éxito (sobre todo las dos últimas) si y solo si se cristalizan, se concentran, en lo que la mayoría de la población hace, piensa, espera, cree, recuerda, sueña, cada día. Esto, como señalamos antes no es así mecánicamente, ni tampoco lo es hasta en los más mínimos detalles, pero no cabe duda que la continuidad de un sistema social, su funcionabilidad, su coherencia interna, depende de la reproducción en las relaciones sociales más inmediatas de las grandes líneas que fija el dominante en una formación social.

Y, nos guste o no, se es emisor, se es receptor, dentro de esos parámetros lo sepan o no quienes emiten y perciben. Es posible señalar con ciertas precisiones las relaciones esenciales de una determinada sociedad, por ejemplo a través de las clases sociales, de las contradictorias, de cuestiones políticas e ideológicas, pero si no se las especifica en ejemplos concretos, si no se las reconoce en la vida de todos los días, la información queda en un plano de excesiva abstracción como para resultar de alguna utilidad.

Para fijar dos opuestos, dentro de los cuales habrá que reconocer algunos matices intermedios, señalemos que se es emisor, al menos en los grandes medios de difusión (pero no solo en ellos) para consolidar la vida cotidiana vigente o para intentar cambiarla en lo que tiene negativo. Y esto, lo sepa o no el emisor, supone una toma de posición dentro de las relaciones sociales de una determinada formación social.

Algunos ejemplos: emite para reforzar lo vigente quien difunde mensajes repletos de estereotipos sobre la sumisión necesaria de la mujer, sobre actitudes puerilmente magiscistas, sobre le valor de la superstición. Todo esto es vivido cotidianamente por amplios sectores de la población. Tal emisor no hace más que aprovechar lo que la gente ya es para reforzarlo.

Pero la vida cotidiana es mucho más rica que eso, y un emisor, a partir de ella, puede orientar su acción hacia una transformación, hacia el abandono de lo negativo o bien hacia la promoción de lo positivo. Piénsese, por ejemplo, en el fomento de lazos de solidaridad, en el impulso a la organización en el aporte de recursos para ampliar participación en la búsqueda de información... El papel reforzador o transformador de la vida cotidiana lo ejercen no sólo quienes trabajan en los grandes medios de difusión.

También les cabe a quienes participan en relaciones más inmediatas, grupales o interpersonales. Piénsese en las relaciones autoritarias padre - hijo, en la violencia que puede ejercer un grupo cuando alguien intenta violar sus normas.

Insistimos: se emite, se percibe siempre dentro de relaciones sociales caracterizadas por un fuerte inmediatismo. Si hay un sitio donde debe buscarse la clave del éxito en los medios de difusión es precisamente éste: el de las relaciones inmediatas.

Se es emisor, pues, de un determinado contexto, dentro de una determinada manera de emitir y percibir, dentro de sucesivos horizontes culturales, en suma. Quien pasa de un horizonte a otro sin tomar en cuenta el suelo donde pisa corre el riesgo de emitir mal o de percibir peor.

Un proceso de comunicación no puede ser entendido sin los conceptos de formación social y de marco de referencia. Todos sus elementos están insertos en ellos, sin el contexto es imposible comprender el texto, aún cuando éste tenga algún grado de especificidad.

 

LOS ELEMENTOS

Un proceso de comunicación incluye siempre, a nuestro modo de ver, los siguientes elementos:

Formación Social

Marco de Referencia

Códigos

Emisor

Perceptor

Medios y Recursos

Mensaje

Referente

 

Cada uno de ellos debe ser estudiado en sí mismo, pero también en sus relaciones. Pasa aquí a primer plano el principio de totalidad: un proceso no se explica tomando en consideración sólo una parte, cosa que ocurre en general con el modelo difusionista, con el esquema elemental al que aludimos al comienzo. Cuando se reduce la explicación a emisor, mensaje y receptor, queda fuera lo esencial, queda una explicación limitada que puede conducir a todo tipo de errores, sobre todo si se intenta una actividad comunicacional en función de una transformación social.

 

Por otra parte, un proceso no es algo genérico válido para todos los casos y situaciones. Según lo que esté en juego, podemos distinguir procesos de comunicación publicitaria, propagandística, política, literaria, estética, educativa, científica, lúcida... Si bien no existen abismos entre uno y otro, hay que reconocer que no es lo mismo ser emisor en un proceso publicitario que en un educativo; o bien que de un perceptor se espera una cosa muy distinta en cada caso. En publicidad la finalidad es que el receptor se convierta en consumidor del producto promocionado; en educación, por el contrario, se busca un enriquecimiento perceptual y una mayor conciencia sobre determinada situación o problema. Como ya adelantamos algunas cuestiones propias de la formación social y del marco de referencia, pasaremos directamente al concepto de código con la aclaración de que los anteriores aparecerán una y otra vez a lo largo del análisis.

 

CODIGOS

 

En un sentido general y abstracto podemos definir código, en referencia a cualquier lenguaje, como reglas de elaboración y combinación de signos. En el caso del lenguaje que utilizamos, la gramática (con su morfología y su sintaxis) es un ejemplo de código.

Pero debemos pasar desde ese plano de abstracción a otros más concretos. En primer lugar, el carácter social de los códigos. Hay una definición: "conjunto de obligaciones". ¿Cuáles? Las de elaborar y combinar de una forma determinada los signos. Pero, ¿obligaciones para quién? Los códigos son conjuntos de obligaciones sociales que permiten la comunicación entre grupos y entre grupos de una determinada formación social.

¿Convenio Social, entonces? ¿Contrato social en relación con la aceptación de dichas obligaciones? Una vía de interpretación semejante suele ser tentadora, pero también puede elevar a equívocos, Porque las obligaciones de la elaboración (y de interpretación, todo código implica alguien que decodifica) bien pueden ser impuestas.

El conjunto de códigos debe ser entendido en sentido relacional. Podemos hablar, por ejemplo, del código de la historieta: conjunto de obligaciones de elaboración, pero también conjunto de elaboraciones de interpretación. Es decir, la historieta impone al lector la forma en que debe ser leída, interpretada.

Hay que distinguir los códigos de elaboración de mensajes de los códigos conductuales. Ambos están presentes en todo proceso de comunicación y es necesario relacionarlos. Los códigos conductuales son los conjuntos de obligaciones que condicionan (no necesariamente determina) el comportamiento de los miembros de los diferentes grupos sociales en una cierta situación social.

Los códigos son vividos en general sin una crítica, son aceptados como el fundamento de la vida cotidiana y a menudo se los defiende hasta con la violencia. Que la vida social está codificada lo muestran con toda claridad las reglas que a diario respetamos en la vestimenta, en la manera de comer, de conducir, de saludar. El problema mencionado anteriormente se repite aquí: una rígida codificación de la conducta puede llevar a una pérdida de creatividad y de espontaneidad la reiteración de las soluciones, de actitudes que a menudo resultan inútiles para enfrentar nuevas situaciones.

Los códigos conductuales son racionalizados de manera tal que aparecen como algo natural, como algo dado de una vez para siempre. Así, las actitudes machistas llevan a conductas muchas veces aberrantes en lo relativo a la sumisión de la mujer. Cuando esto quiere ser discutido o analizado la defensa se establece a nombre de una suerte de aceptación ciega de lo que comúnmente se hace.

Si bien los códigos no son eternos no cambian muy fácilmente. Rossi Landi señala distintas formas de transformación: algunas variaciones, se abandona un código y se pasa a otro; se destruye el código para crear una nuevo. Lo cierto es que, salvo excepciones en el campo del arte o en algunas formas muy radicales de conducta, difícilmente se abandona del todo un código cuando se pretende crear algo nuevo: los grandes procesos de transformación social han arrastrado durante mucho tiempo huellas de códigos anteriores, que se manifiestan en conductas, creencias, y expectativas cotidianas.

Lo mismo sucede con la comunicación, sobre todo si se piensa en los grandes medios de difusión. Aún cuando hay variaciones muy grandes, en publicidad, por dar ejemplo, no es mucho lo que se innova desde el punto de vista de sus reglas de juego esenciales, es decir, de sus códigos. Dicho de otra forma, una variación de los mensajes puede, y de hecho lo está, queda sujeta a reglas muy rígidas de elaboración y de temas a tratar.

Lo mismo sucede con el discurso político. En su Retórica Aristóteles enuncia ciertas reglas (como por ejemplo la de los tópicos o lugares comunes) que se mantienen en pleno uso en la actualidad.

El éxito de los mensajes dominantes es no sólo en ellos mismos, sino también, y fundamentalmente, en la manera en que la población percibe las cosas, en los códigos estéticos vigentes, en los códigos de interpretación de los relatos. Y como todo código es también una forma de esperar el comportamiento de la realidad, cuando un mensaje se orienta dentro de tales reglas responde de alguna manera a las expectativas de la gente, con lo que se asegura su éxito.

Por último, la comunicación se hace imposible cuando el receptor está fuera del código. Esto es muy sencillo de comprobar frente a alguien que habla un idioma que desconocemos. Lo que desconocemos son en primer lugar las reglas esenciales de pronunciación y de sintaxis; por lo que la comprensión se hace imposible. Pero algo similar ocurre cuando debemos enfrentar un mensaje en lenguaje científico (en caracteres utilizados por la lógica simbólica, por ejemplo) o un lenguaje estético sofisticado (sea de alguna forma de cine experimental). El estar fuera del código puede resultar un incentivo para algunos sectores privilegiados de la población. Pero cuando se trata de trabajar con los sectores populares en una labor educativa, es preferible partir de sus códigos, de sus formas de percibir cotidianamente la realidad.

 

EMISOR

Se ha personalizado tanto el papel del emisor dentro del proceso de comunicación que a fin de relativizarlo sería preferible hablar de "fase de emisor". Por parte, el término convierte todo en una especie de acto puntual, como si alguien emitiera en un momento y en otro dejara de hacerlo. Si bien esto es real no se agota allí la emisión. Emitir no se reduce sólo a hablar o escribir un mensaje. Un individuo, por el hecho de existir, está ofreciendo signos a los demás a través de sus gestos, su vestimenta, su manera de caminar, sus objetos, los espacios que lo rodean. La fase emisión es permanente y sólo adquiere sentido si se la analiza desde el punto de vista cultural. Emitir significa ofrecer rasgos culturales, ofrecerlos permanentemente.

Claro que hay momentos en que se emite más directamente. pero ellos, insistimos, no agotan de ninguna manera la riqueza de una comunicación cultural. Aprender a leer la comunicación no directa es una tarea fundamental y no solo para el especialista, sino también para el hombre llamado común, esto es, cada uno de nosotros. Un emisor, pues, lo es dentro de un conjunto de signos que lo anteceden históricamente, le condicionan sus posibilidades expresivas e incluso le ofrecen una gama amplia pero limitada de temas sobre los cuales expresarse. Se es emisor dentro de un contexto de significados, dentro de un horizonte cultural en suma.

En un libro que publicamos hace diez años (Discurso Autoritario y Comunicación Alternativa) distinguíamos entre emisor "real" y emisor "vocero". Decíamos que éste último transmiten lo que otros piensan o indican. Agregábamos "...También puede denominársele emisor conformador, ya que tiene la tarea de dar forma a un mensaje según indicaciones de otra persona".

No estamos seguros ahora de esta distinción. No porque no existan casos asó, sino porque la cosa no es tan simple. Y no lo es porque no se trata aquí de una cuestión de originalidad. El emisor real no es aquel que utiliza la palabra original, como estamos acostumbrados a pensar al emisor artístico. Si se permite parafrasear un pasaje de Alicia en el País de las Maravillas, el problema no es aquí el de qué originalidad tiene las palabras, el problema es quien tiene el poder.

El poder, en la fase de emisión, se ejerce de varias maneras:

1.- Determinando el modo en que socialmente deberán interpretarse, valorarse, personas, personajes, objetos, situaciones, ideologías.

2.- Controlando los mecanismos de difusión de los mensajes.

3.- Conformando lo que Valentín Voloshinov denominó "la uniacentralidad" del signo; es decir, que los signos, y aquello a lo que aluden, tienen un sólo significado posible. el que determina el emisor dominante.

4.- Rechazando, distorsionando, ocultando, ridiculizando, trivializando, aquellas personas, personajes, objetos, situaciones, ideologías que ofrecen una alternativa distinta a la versión ofrecida por el emisor dominante.

No nos referimos aquí solamente a quien tiene el poder económico y político (una clase social, por ejemplo). En todo el sistema lo que se da en grande también se da pequeño. Hay ejercicio de poder en la fase de emisión correspondiente a las relaciones interpersonales o grupales, lo sepa o no quien lo ejerce, lo ejerza o no con la mejor de las intenciones. La imposición de significados, de modo de valorar y aceptar la realidad, se ejerce en la familia, en las relaciones de parejas, en grupos de todo tipo.

La cadena de emisores reales o voceros es socialmente descendente (descenso en sentido económico, en el sentido de menores o ningún privilegio). Pero la imagen puede resultar peligrosa, porque cada eslabón no repite mecánicamente al anterior. Hay en ellos espacios de autonomía relativa, espacios en los que se abre alguna alternativa a la forma de significar y valorar dominante. Espacios que provienen no de los mensajes, no de los signos, sino de la manera en que son vividas las relaciones cotidianas, el trabajo, el acceso a la alimentación, a la vivienda, a la sociedad, no tiene una forma homogénea de significar y valorar es algo por demás evidente. Pero ello no es un producto de la comunicación o de los signos. Es una consecuencia de la inserción de individuos y grupos en determinadas relaciones sociales. También es evidente que a mayor poder económico, político, mayor poder de elaborar, difundir e imponer significados y valoraciones. Pero ese poder no es total. El sueño (pesadilla) de un discurso homogéneo está todavía allí mismo, en el terreno de los sueños. Una sociedad es un mosaico con grandes espacios de emisiones dominantes, pero con otros, pequeños, sin duda, en los que ejerce alguna alternativa, aunque sea balbuceante.

¿Cómo se ve a sí mismo un emisor dentro de ese mosaico? ¿Cómo Evalúa a sus destinatarios? Esto depende directamente del lugar que se ocupa del lugar social. No cualquiera razona "soy emisor y concibo a mi público de tal manera, por lo tanto mi mensaje será éste". Pero aún cuando no se razone así, la evaluación de uno mismo y de los destinatarios se produce siempre. Y de ella depende el modo en que se habla, se alude a un tema es decir, el modo de elaborar un mensaje.

Hay sin duda diferentes tipos de mensajes, conformados por ciertos signos y no otros. Cuando nos encontramos frente a uno degradante, por su estupidez y su mal gusto, no hace falta mucha imaginación para comprender que su emisor ve a los destinatarios como estúpidos e incapaces de gustar algo mejor. Los ve, en definitiva, como inferiores. Evaluación significativa precisamente atribuir un valor a los demás y elaborar el mensaje según tal atribución. Se corre el riesgo a menudo de evaluar a los otros como inferiores. Lo difícil es evaluarlo como distintos.

Nuestros temas iniciales, formación social y marco de referencia, adquieren mucha importancia cuando se intenta comprender la fase de emisión se es emisor dentro de ellos, aún cuando existían, como hemos señalados espacios de cierta autonomía relativa.

 

PERCEPTOR

Debemos repetir aquí algo similar a lo anterior: se ha personalizado tanto el papel del perceptor que a fin de relativizarlo sería preferible hablar de fase de percepción. Es inútil el trabajo de clasificar a los perceptores por edades, sexos, ocupaciones, preferencias, sino se aclaran algunos puntos previos. La percepción es en primer lugar una cuestión de supervivencia. Quien percibe mal el propio entorno queda a merced de él, sea un animal que no por advertir a su enemigo pasa a la categoría de prensa, o un hombre que cruza una calle... Percibir es en consecuencia, la capacidad de recoger la información necesaria para responder eficazmente al propio entorno. Uno queda a merced... El poder otra vez. Pero dejemos pendiente el tema. La percepción consiste esencialmente en una extracción de información de la realidad para orientar la propia conducta. Esa extracción, esas lecturas están condicionadas por el lugar social que ocupa. Algunos ejemplos por demás obvios: un campesino saber leer su entorno natural, sabe reconocer tal o cual tipo de plagas, los ruidos nocturnos, la cercanía de la lluvia... A un individuo de la ciudad le ocurre otro tanto con direcciones, recorridos de líneas de transporte, señalización...

Esos ejemplos muestran sólo algunos modos de percibir. Hay una percepción cotidiana necesaria y en general suficiente, para desenvolverse en la vida de todos los días. Constituye una lectura habitual, altamente mecanizada en muchos casos. Un modo de percibir que no pregunta por causas, que en general se conforma con lo inmediato. Corresponde a lo que Henri Lefebvre denomina "débil legibilidad del entorno".

Esa primera forma de percepción es la condición de posibilidad del éxito de los mensajes de difusión colectiva del ejercicio del poder sobre amplios sectores de la población. Una débil legibilidad significa una débil conciencia de las causas, de las conexiones esenciales de la realidad.

Hay mensajes, la mayoría en los medios de difusión dominantes, elaborados con la intención reafirmar, sostener la percepción inmediata. En situaciones de relativa estabilidad social ésta puede mantenerse sin muchos cambios incluso de una generación a otra. Más adelante matizaremos tal afirmación, pero hay que reconocer la existencia de aprendizaje perceptual dentro de la familia, en la escuela, en las relaciones sociales más amplias. Tal aprendizaje puede quedar limitado al reconocimiento de lo inmediato. Por otra parte, la percepción tiene una historia, individual y grupal, cultura en suma. Es difícil, de ninguno manera imposible, pasar por encima de la propia historia.

No imposible, decimos, porque el inmediatismo no abarca toda percepción de un individuo o de un grupo. Y no lo hace porque, en primer lugar, el entorno social no es nunca estático; segundo, porque el inmediatismo absoluto no existe; tercero, un individuo, sea el sector social al que pertenezca, siempre inmediatismo. Esto se manifiesta, en los sectores populares, a través del chiste, de la canción de la protesta, de la búsqueda de soluciones aunque sea en propuesta magicista. La llamada "sabiduría popular" contiene elementos que exceden el inmediatismo, debido a que surge de una confrontación cotidiana con las limitaciones económica-políticos de la sociedad.

Percibir es, pues lo ya conocido, la familiar, la evidente o bien intentar una lectura en profundidad. Este planteó puede conducir a un error, sobre todo por la disyuntiva que abre la expresión "o bien". En realidad la primera forma no se abandona (no se puede) nunca. Y la segunda no abarca toda la relación con el entorno. Dicho en otras palabras: la conciencia nunca avanza en bloque, puede ampliar el horizonte en una dirección y quedarse limitada en otra. A veces se toma conciencia en sentido político, se pasa a la acción inconcluso, las relaciones familiares autoritarias continúan sin cambio alguno. Esto no es siempre así, por supuesto, pero vale la pena recordar que los procesos de enriquecimiento perceptual, de toma de conciencia, no son muchas lineales.

La percepción supone valoraciones. Muchas veces éstas influyen directamente en el modo de percibir, aun a costa de una mala lectura, de una distorsión del objeto en cuestión. Piénsese, por ejemplo, en el racismo.

De acuerdo con la suma, es como se actúa. La percepción no es un acto gratuito, en ella se juega nuestra toma de posición ante la realidad, ante los demás, y en definitiva nuestra conducta.

Pero todo lo dicho es preciso reconocer "tendencias" perceptuales comunes a integrantes de un mismo grupo social, y a la vez la posibilidad de lecturas alternativas a mensajes o situaciones sociales. Aún cuando existiera una propuesta homogénea de mensajes las posibilidades de lectura alternativa no desaparecerían porque la percepción se funda en las relaciones cotidianas, es la historia personal y grupal, y no en un comercio químicamente puro con los medios de difusión colectiva.

Medios y recursos: Los medios son aquellos instrumentos a través de los cuales se hace llegar un mensaje a un receptor. Pero eso no ocurre, en el caso de las relaciones sociales amplias, sin una cierta cantidad y calidad de recursos, muchos de los cuales están totalmente fuera del alcance de la gran mayoría de la población. Piénsese en el costo real de un sistema de televisión, de un periódico, por citar solo dos ejemplos.

Esta ha llevado a una enorme concentración de medios y recursos en mano del Estado, de agencias transnacionales y de sectores de la empresa privada. El acceso a los mismos resulta más que limitado para las grandes mayorías de la población. Por el actual desarrollo tecnológico en el campo de la comunicación el proceso de concentración puede tender a aumentar. Hay países industrializados (Japón por ejemplo) que dedican más del 20% de su producto interno bruto al desarrollo de tecnologías de la información.

Durante más de dos décadas los grandes medios de difusión fueron satanizados sobre la base de un argumento principal ((hubo otros también, pero el más frecuente fue éste): los medios son unidireccionales, no permiten el retorno, la retroalimentación: lo que significaba, que un proceso de comunicación sin entorno, sin un contacto directo entre emisor y perceptor, estaba viciado, abría pasa de antemano a la manipulación. No vamos aquí a atacar la hipótesis de una mejor comunicación a través del retorno. Pero cuando a partir de esta se pretende descalificar toda otra forma, consideramos que se cae en un error. Porque el retorno no se asegura para nada tal comunicación. Piénsese, por ejemplo, en una relación autoritaria padre-hijo: están frente a frente, cada uno se convierte en emisor-perceptor, y sin embargo el segundo es obligado a aceptar, a reiterar lo que se propone el primero. Lo importante no es el retorno sino la realidad del mismo. Y lo importante no es si un mensaje se difunde de manera unidireccional, sino lo que propone ese mensaje, su referencialidad a su calidad formal.

Esto no quiere decir que apoyamos ciegamente el uso de los grandes medios. Pero sí estamos convencidos de la posibilidad de un empleo alternativo de los mismos.

 

MENSAJES

Un mensaje es un signo o conjunto de signos que, a partir de códigos conocidos por el emisor y el perceptor, llevan a este último una determinada información, la cual no consiste solo en dato sobre algo, ya que tiene importancia definitiva la forma en que dicho dato es presentado. Con otras palabras: la presentación incide directamente en la información misma. Todo mensaje es una versión de algo, aún cuando muchas veces se convierta en algo de mayor peso social que aquello de lo que es versión. Piénsese otra vez en los estereotipos racistas. Cuando se elabora un mensaje se procede siempre por selección temática y selección formal. La primera lleva a determinar el asunto sobre el cual se hablará, es decir, la selección y combinación de signos. Supongamos a un grupo de emisores que deciden hablar sobre la juventud. A esta primera selección temática suceden otras. Se opta por hablar de los adolescentes, de las adolescentes. De ellas hay mucho que decir en nuestros países Latinoamericanos: el trabajo, la orientación sexual, la educación... Sin embargo son seleccionadas ciertas adolescentes: Las de sectores sociales medios altos. Y en relación con ellas, temas como las vacaciones, la moda, la música, los lugares para ir a bailar, los recursos para atraer a un muchacho, cómo hacer interesante una conversación... Luego viene la selección formal: se publicará una revista los modelos serán equivalentes al sector social seleccionado, los ambientes mostrados por las fotografías serán de lujo, la publicidad incluirá cosméticos y ropas de moda... Con todos estos ingredientes, con esas sucesivas selecciones, se llega a la revista , versión para adolescentes de publicaciones como Claudia, Cosmo u otras similares.

Es en ese proceso de selección temática y referencial donde se pone en juego la intencionalidad del emisor, donde se intenta, o no, distorsionar algo, conducir, dirigir la conciencia ajena.

 

REFERENTE:

Dijimos anteriormente que todo mensaje alude a algo. En términos generales ese "algo" es el referente que comprende todo ser, objeto, situación, idea, sean reales o imaginarias. Un mensaje puede aludir a la teoría de la relatividad o a un unicornio de ojos ligeramente azules; a un pájaro o a una mujer que sube al cielo envuelta en una sábana; a un perro o a un hombre lobo. Pero si bien lo imaginario juega un papel muy importante en la sociedad, como veremos más adelante, nos interesa en primer lugar analizar la cuestión de la referencialidad con relación a problemas sociales concretos.

Hablamos de distorsión referencial cuando un mensaje consiste en una versión destinada a falsear el tema o problema al que alude. En propaganda política esto es muy común, como también lo es en la difusión de estereotipos racistas, por dar dos de los muchos ejemplos posibles.

Hablamos de parcialización referencial cuando el mensaje presenta algunos elementos como si ellos constituyeran todo lo que puede decirse del objeto o problema en cuestión. Por ejemplo: explicar la violencia por alcoholismo es algo parcial, porque a su vez este último tiene una causa.

Hablamos de baja referencialidad cuando el mensaje solo ofrece algunos datos superficiales de objeto o problema. La baja referencialidad es muy común en la vida cotidiana, aunque no la abarca toda.

Por ultima, hablamos de alta referencialidad cuando un mensaje intenta ofrecer una versión lo más cercana posible a las conexiones esenciales a la explicación de un objeto o un problema. Ejemplo: la formulación de un buen autodiagnóstico campesino constituye un mensaje de altas referencialidad.

¿Cómo se aplica todo esto a los referentes imaginarios? no podemos hablar de alta o baja referencialidad cuando aludimos al unicornio de ojos ligeramente azules. Sin embargo, podemos reconocer diferentes usos de lo imaginario. Se puede tomar como referente un elemento imaginario dedicado a sostener estereotipos negativos para la vida cotidiana de los destinatarios del mensaje, o bien un imaginario que permite la toma de conciencia sobre algún problema o situación. En el primer caso se inscribe las historietas que difunden estereotipos de violencia o soluciones mágicas a situaciones sociales. En el segundo, relatos populares que permiten a quienes los comparten, formas de reconocimiento cultural.

 

CONCLUSIONES

La presentación que hemos hecho constituye apenas una introducción a la explicación de la complejidad propia de un proceso de comunicación. Aún cuando fuimos dando ejemplos para aplicar los conceptos, la única manera de apropiarse de ellos es través de su aplicación a situaciones concretas. ¿Cómo se especifican y se articulan los elementos en las relaciones propias de una comunidad? ¿ Cómo lo hacen en las actividades de una institución? ¿Cómo en el caso de los medios de difusión colectiva? ¿Cómo en los grupos? Estas preguntas, que de ninguna manera agotan las posibilidades comunicacionales, aluden a espacios que, para su interpretación, deben ser analizados tomando en cuenta todos los elementos, dentro de los que hemos denominado principio de totalidad.

Es una suerte de constante en comunicación el evaluar situaciones de una manera superficial. Nuestra propuesta, introductoria insistimos, pretende ir más allá. Del análisis, de la confrontación con los procesos mismos, surgirán correcciones y aún refutaciones para un esquema que no busca alzarse como modelo acabado.

 

JESUS MARTIN BARBERO

 

 

Retos a la investigación

de comunicación en América Latina

 

Desde donde hacemos investigación

Los años 80 se inician con claro reflujo de la utopía y un marcado retorno de las fuerzas conservadoras. Y ello tanto en los Estados Unidos como en los países más vanguardistas de Europa. Mientras, en América Latina se inicia un proceso de transición de las dictaduras hacia formas de "democracia controlada" al tiempo que en las viejas democracias se endurece la represión. Sólo en Centroamérica parece ir contracorriente: los levantamientos populares retoman el proyecto y el idioma de la revolución, pero esos levantamientos están siendo duramente controlados, cercados económica y políticamente. Y toda Latinoamérica vive un "estado de emergencia permanente" en el que, como afirma M. Piccini, "las formas coercitivas de dominación deberán necesariamente cubrir las debilidades de las instituciones civiles incapaces de establecer un marco normativo común". En los últimos años, el conflicto entre el carácter internacional de la estructura económica y el carácter nacional de esfera política se ha tornado insoluble. Pero a su vez se ha convertido, paradójicamente, en una de las claves de la retórica de los dictadores, retórica con la que se trata de mistificar el hecho de que son cada vez más las transnacionales las que dictan las normas que deben adoptar las políticas nacionales.

Este contexto replantea las condiciones de trabajo del investigador en ciencias sociales y, en particular, en el área de la comunicación masiva. Tres aspectos me parecen especialmente relevantes de ese nuevo contexto.

Primero. En el campo de la investigación, las tácticas de dominio están cambiando. La "derecha" ha comenzado a perder el asco a ciertos temas; aun más, le está robando a las izquierdas algunos de sus más preciados "objetos", y los está sometiendo a una operación de lavado y neutralización. La fragmentación y la descontextualización se establecen como condiciones para la objetivación, es decir para que una problemática pueda ser "tratada científicamente". Así, la problemática de la penetración y dominación cultural se convierte en la del intercambio o las relaciones interculturales, la problemática del nuevo orden informativo en la de la puesta al día de las técnicas y los comunicadores -porque la causa del desequilibrio informativo estaría en la baja preparación técnica y profesional del tercer mundo- la problemática de la comunicación participativa se transforma en la de esos nuevos medios que por sí mismos van a permitir a los receptores convertirse en emisores.

No pocos empiezan a sentir la confusión. Los campos de lucha no están ya tan deslindando como hace algunos años. Y en muchas ocasiones no está nada claro el sentido, es decir, al servicio de quién o de qué se está trabajando. La época de las grandes denuncias -siempre necesarias- parece dejar el paso a un trabajo más oscuro pero no menos arriesgado y difícil: la lucha contra la amalgama ecléctica y la funcionalización de la crítica, la lucha contra un neopositivismo ambiente que vuelve a oponer, ahora más ladina y sofisticadamente, el trabajo científico al trabajo político. Y todo ello abonado por el desencanto, la división y la confusión que mina a las diferentes izquierdas.

Segundo. Las nuevas tecnologías de comunicación se presentan y reciben como la matriz de un nuevo modelo social, de una pseudo-utopía con la que el capitalismo conjura su crisis y pretende salvarse esta vez. Aunque se tratará de esto más en detalle como uno de los campos estratégicos a investigar, dejemos planteado el aspecto que más interesa. Para una reflexión crítica que sigue seriamente amarrada a una concepción instrumentalista de la técnica, el peso histórico y el entramado político de esas tecnologías, la racionalidad que ellas materializan, se escapa, desaparece. O fascinación o rechazo maniqueo. Cuando lo necesario y urgente es la puesta en relación de las "posibilidades" que esas tecnologías ofrecen con el modelo de sociedad en que se inscriben. No para rechazarlas sino para comprender su verdadera configuración y su alcance en el mantenimiento y aún el reforzamiento de las actuales estructuras sociales y de los "cambios" que indudablemente acarrean.

Tercero. La cada día mas estrecha y más específica articulación económico-política de las comunicaciones con el proceso social global. En el plano económico "las comunicaciones están penetrando hasta el corazón del trabajo y del sistema productivo" (S. Hall), no sólo por el aporte fundamental de los medios al proceso de valorización del capital sino por el papel que la información juega ya en cuanto materia prima de cualquier producción e incluso como redefinidora de los procesos mismos de producción. En el plano político, las nuevas comunicaciones, resultantes del encuentro de la telecomunicación con la informática, vienen a replantear seriamente la función y relaciones del Estado, especialmente del Estado y los medios, a partir del control que unas pocas transnacionales ejercen sobre la investigación y producción en este campo. Es todo el modelo democrático occidental el que está siendo afectado por la dirección en que marcha la "sociedad informatizada".

 

La persistencia de la teoría negada y la esquizofrenia que alimenta.

Tema-trampa, la problemática del hacer teórico sigue mirándose en América Latina como algo sospechoso. Desde la derecha, porque hacer teoría es un lujo reservado a los países ricos y lo nuestro es aplicar y consumir. Desde la izquierda, porque los problemas "reales", la brutalidad y la urgencia de las situaciones no dan derecho ni tiempo al quehacer teórico. Y sin embargo la teoría es uno de los espacios claves de la dependencia. Ya sea a través de la creencia en su neutralidad-universalidad o de la tendencia a vivir de las modas, a buscar las herramientas teóricas no a partir de los procesos sociales que vivimos sino desde un compulsivo reflejo de estar al día. Pero la dependencia consiste en asumir teorías producidas "fuera"; lo dependiente es la concepción misma de la ciencia, del trabajo científico y su función en la sociedad. Como en otros campos, también aquí lo grave es que sean exógenos no los productos sino las estructuras mismas de producción.

La investigación crítica en ciencias sociales, y particularmente en lo que se refiere a la comunicación masiva, se ha definido casi siempre en Latinoamérica por su ruptura con el funcionalismo. Pero quizás esa ruptura ha sido más afectiva que efectiva. Al funcionalismo se lo descalifica "en teoría" pero se sigue trabajando en él en la práctica. Con frecuencia se ha roto solamente con su jerga pero no con la racionalidad que lo sustenta. Y así seguimos atrapados en su "esquema". Primero fue el mensaje contra los efectos. Después el receptor contra el mensaje, que era una manera de volver a los efectos pero "dinamizados". Y al fondo, y más allá de las proclamas, la vieja dicotomía ideología/técnica escamoteando la materialidad y peculiaridad de los procesos. Como escribí en otro lugar, el instrumentalismo funcionalista, por más que se revista de la terminología marxista, no puede romper con el verticalismo y la unidireccionalidad del proceso comunicativo pues se alimenta de ellos. Como lo ha demostrado bien dolorosamente la experiencia chilena y la concepción consumista de la cultura que sostuvo gran parte de la izquierda. El esquema funcionalista no racionaliza quizás únicamente el proceso de dominación del capital sino también otras formas de poder político, de ejercicio del poder, que persisten pertinaces en su "negación". Porque lo que el modelo funcionalista impide pensar es la historia y la dominación, precisamente lo que él racionaliza, es decir, oculta y justifica. Lo que no cabe definitivamente en ese modelo es la contradicción y el conflicto. De manera que la verticalidad y la unidireccionalidad no son efectos sino la matriz misma del modelo, su matriz epistemológica y política. Y es importante señalar que esa matriz sigue viva en la complicidad que con ella mantiene la lingüística estructural al descartar del análisis el espesor histórico-social del lenguaje, es, al dejar por fuera la complejidad y la opacidad del proceso, todo aquello que excede y subvierte el tranquilo ir y venir de la información, todo aquello que es huella del sujeto histórico y pulsional, todo aquello que es poder, control o fiesta en la comunicación.

La persistencia de esa teoría alimenta una particular esquizofrenia. Esquizofrenia que se hace visible en tantas investigaciones que se proclaman críticas, con una concepción totalizadora de lo social, pero cuyo método, cuya práctica analítica fragmenta lo real e impide conocer aquello que inicialmente se planteaba como objeto. Atención, porque el problema no se sitúa en el ámbito de lo "subjetivo", no es un problema de error de los investigadores. Esa esquizofrenia nos remite otra vez a la concepción instrumentalista de los métodos y las técnicas, que es la predominante en nuestras universidades a través de esos cursos de Método en los que se enseña "funcionalismo-marxismo-estructuralismo". Y en los que los métodos se estudian desvinculados de la historia, de los problemas y de las disciplinas en que se gestaron, convertidos en recetarios de técnicas, en fetiches cuyo rigor interno -coherencia formal- puede garantizar la verdad de lo encontrado, más allá y por fuera de las condiciones sociales del problema que se investiga, o cuya verdad interna puede llegar a suplir la observación atenta y rigurosa de los datos y los procesos empíricos.

Esa esquizofrenia se plasma, por un lado, en la tendencia al teoricismo, a confundir investigación con especulación, en la tendencia a un discurso vago y generalizante con el que se trata de tapar no sólo la falta de trabajo empírico sino también el escapismo político: hacer investigación para no tener que pasar a la acción, o mejor, se hace un tipo de investigación generalista que no exija "práctica" alguna, porque investigando lo particular, sobre lo que es posible intervenir, se corre el riesgo de descubrir no sólo argumentos para "criticar" el sistema sino herramientas para transformarlo. Pero esa esquizofrenia se plasma también en la falta de producción y la abundancia de reproducción, en la ausencia de creatividad y la abundancia de divulgación. Que es otra forma de escapismo, escapismo al riesgo de abrir brechas nuevas en nombre de un pragmatismo positivista y chato que relega la imaginación a la esfera de lo artístico, de lo literario, desterrándola del trabajo científico y del quehacer teórico. Pragmatismo que se alimenta de aquella concepción epistemológica según la cual investigar se reduce a operativizar un modelo, a aplicar una fórmula, y en la que la objetividad se confunde con la estadística.

Frente a esa concepción instrumentalista es necesario hacer hoy hincapié en que un método no es sólo una herramienta para abordar un objeto-problema, es también un punto de vista sobre el objeto q8ue impide o posibilita que algo sea considerado problema. De manera que no se puede hablar en abstracto de que un método es más eficaz que otro, y habrá que introducir esas incómodas preguntas: ¿eficaz para que y para quién? ¿Qué es lo objetivable desde ese método, qué instancias, qué dimensiones de lo real pueden convertirse en "objetos" de conocimiento, en problemas? Porque si, por ejemplo, lo único investigable desde un método es lo medible cuantitativamente, o lo que se ve, todo el resto de "lo real" queda automáticamente descartado como objetivable. Y de ese modo lo posible, el conflicto, el cambio, lo imaginario y lo simbólico -eso que desde Marx y Freud forma el campo de lo real histórico y de lo pensable quedan definitivamente fuera del análisis.

Dos ejemplos en el campo de la comunicación masiva. El método desde el que las transformaciones culturales son vistas y reducidas a efectos de los medios, a efectos aislables del contexto social más eficaces que los mismos medios, sino que incapacita para comprender y abordar los procesos culturales en cuanto procesos sociales multidimensionales y de largo alcance, esto es, no cuantificables puntualmente. Y con ello es toda la problemática de la articulación entre sistema de producción y relaciones de poder la que es radicalmente descartada. Y el descarte de esa articulación lo es de ciertas mediaciones fundamentales como, por ejemplo, la inscripción de la violencia televisada en la espectacularización de la vida cotidiana realizada por la TV y su relación con la mercantilización del tiempo libre, del ocio. pero empeñados en encontrar efectos inmediatos y directos sobre los comportamientos, es decir, incapaces de aceptar otro tipo de relación social, muchos investigadores siguen sin comprender que la eficacia del espectáculo televisivo, como la de cualquier ritual, no es atrapable ni medible según el esquema estímulo-respuesta.

El otro caso que quiero reseñar es el de la incapacidad de las entrevistas y los cuestionarios tradicionales para abordar la actividad de decodificación que realizan los diferentes grupos sociales al "leer" los mensajes de los medios. Como más adelante se va retomar esa problemática, señalo únicamente que esa incapacidad no es un mero problema técnico sino que tiene que ver con la matriz epistemológica y política del modelo al que antes aludía y, según el cual, la actividad -la producción, la palabra- se halla solamente del lado del emisor y del lado del receptor sólo hay pasividad o reacción -la escucha y el consumo-.

Los diferentes métodos delimitan campos de objetos y esa delimitación funciona como mediación de unas determinadas condiciones sociales, -y de unos determinados proyectos políticos-. Y es a esas condiciones a las que es necesario remitir el valor y el alcance de una investigación. Teniendo en cuenta que la relación del método al objeto plantea no sólo la mediación de lo social global sino también esas otras mediaciones sociales particulares que van desde la situación política por la que atraviesa un determinado país hasta las instituciones que posibilitan-limitan la investigación, la división social del trabajo y las ideologías profesionales, etc. Pero sin que la asunción de esas mediaciones implique, por ejemplo, aceptar el chantaje epistemológico que significa el hacer de la especialización una justificac8ión de la fragmentación de lo real.

 

Ciertas rupturas y los desplazamientos que implican

Las rupturas de que voy a hablar no son meras rupturas teóricas, son más bien las implicaciones teóricas del acontecer que vivimos, las huellas que en el espacio del quehacer teórico y metodológico están dejando ciertos desplazamientos en lo político.

Comencemos por la ruptura con lo que Mattelart ha llamado la "contrafascinación del poder", ese funcionalismo de izquierdas según el cual el sistema se reproduce total, automáticamente y a través de todos y cada uno de los procesos sociales. Concepción alimentada desde una teoría funcionalista de la ideología por más marxista que ésta se proclame- y de una mitificación del imperialismo a través de lo cual, tratando de rescatar la unidad global de la dominación, se acabó cayendo en la atribución del poder o al imperialismo de una omnipotencia, de una ubicuidad y una omnisciencia completamente míticas. Frente a ese fatalismo en última instancia paralizante, desmovilizador, estamos comenzando a comprender que si es cierto que el proceso de acumulación del capital requiere de formas cada vez más perfeccionadas de control social y modalidades cada vez más totalitarias, también lo es la pluralización de las contradicciones del poder. Estamos comenzando a romper con la imagen, o mejor con el imaginario, de un poder sin fisuras, sin brechas, sin contradicciones que a la vez lo dinamizan y lo tornan vulnerable. Se trata, tanto en la teoría como en la acción política, de un desplazamiento estratégico de la atención hacia las zonas de tensión, hacia las fracturas que, ya no en abstracto sino en la realidad histórica y peculiar de cada formación social, presenta la dominación. Lo cual permite además empezar a valorar todas y cada una de las luchas que hacen explícita la pluralización de las contradicciones, desde la ecología hasta los movimientos de liberación femenina.

En ese desplazamiento juega un papel fundamental la nueva concepción del Estado que está abriéndose camino y con lo que se intenta dar cuenta tanto de las nuevas contradicciones a que le enfrenta el desarrollo de las multinacionales como por su intervención extendida hoy al conjunto de la vida cotidiana y la consiguiente politización de esa esfera social. En todo caso, se rompe con una concepción instrumentalista del Estado "gendarme" y monolítico, ciegamente al servicio de la clase dominante, para dar paso a una visión del Estado, lugar de lucha y conflictos específicos en las relaciones de poder.

La otra ruptura clave se produce en la toma de conciencia de la actividad de los dominados en cuanto cómplices de la dominación pero también en cuanto sujetos de la decodificación y la réplica a los discursos del amo. Respecto a la dimensión de complicidad es toda la problemática del, mal llamado, "receptor" la que está siendo replanteada radicalmente. "¿Por qué soportan los hombres desde siglos la explotación, la humillación la esclavitud, hasta el punto de quererlas no sólo para los demás sino para sí mismos?" (Deleuze). Esto es, ¿poniendo en juego que contradicciones la dominación es también actividad y no sólo pasividad resignada en el dominado? ¿Qué en el dominado trabaja a favor de su dominación? Y lo que van poniendo en claro esas preguntas es que sólo si la opresión es asumida como actividad del oprimido, sólo si se demonta la complicidad del dominado, será posible romper con las diferentes formas de populismo y comprender que la liberación es problema del oprimido, que es en él que se encuentran las claves de su liberación.

Esta perspectiva es fundamental en la investigación de los medios masivos ya que es complicidad, desde y en el imaginario colectivo, es la materia prima con que trabajan los Medios, ya que en ellos las esperanzas de las masas populares son cotidianamente atrapadas y vueltas contra esas mismas masas.

Pero sólo si hay complicidad, también hay resistencia y réplica. Es nuestro sofisticado instrumental de análisis el que no está hecho para captar esa actividad. Apenas estamos comenzando a sentir la necesidad del desplazamiento metodológico que nos dé acceso a la lectura que los diferentes grupos populares llevan a cabo. Lectura en la que tratan de abrirse camino otras voces, una palabra que introduce "ruido" y que burla y subvierte a su modo las relaciones de poder. Y ésa "a su modo" está indicando la existencia de otra "gramática", de otra lógica en la producción de sentido, en la actividad de desconstrucción que se realiza en la decodificación. Con lo que esto implica a su vez de reto a la investigación metodológica para poner a punto unos procedimientos que no dejen por fuera esa actividad, como lo hacen irremediablemente las entrevistas y los cuestionarios a que estamos acostumbrados. Porque esos cuestionarios llevan inscrita en la pregunta la posibilidad de respuesta y sólo esa, pero en ellos no cabe una respuesta que se erija a su vez en una pregunta y cuestione el lugar y el poder desde el que es formulada. Porque además la actividad de decodificación no es adorable directamente sino sólo a través del reconocimiento de las huellas que en la lectura dejan ciertos procesos que tienen lugar a otro nivel, el de la "estructura profunda", esto es, el de la experiencia vital y social de esos grupos.

Esas rupturas-desplazamientos están indicando un avance importante en dos direcciones: una que busca ubicar históricamente los procesos y los productos de la "cultura masiva" por relación a las culturas populares, y a otra que busca contextualizar lo que se produce en los medios por relación a los demás espacios de lo cotidiano. De la relación cultura masiva/culturas populares voy a trazar algunas líneas en el párrafo siguiente. Respecto a la segunda dirección me refiero a algunos espacios clave: el barrio como nuevo lugar de lucha por la identidad de los grupos populares - identidad cultura, política, etc. -; la calle como lugar de una violencia particular con el circuito inseguridad-represión y las diferentes formas de presencia de lo policial; los mercados y su peculiar articulación entre imaginario mercantil y homogenización cultural; la escuela, la familia, etc. Tanto una como otra dirección exigen profundos replanteamientos metodológicos sin los cuales será imposible ir más allá de la manida retórica de la interdisplinariedad. Y una pista, que me parece especialmente representativa de ese replanteamiento, es la señalada por los trabajos de sociología de la cultura que están llevando a cabo algunos investigadores ingleses de la comunicación como R. Williams, S. Hall, G. Murdoc. Se trata de una reflexión que retoma la problemática de la "industria cultural" pero liberándola de su sesgo apocalíptico y planteando como clave una nueva relación entre cultura y mercancía, una reconceptualización de los reacondicionamientos de lo cultural que define la determinación social ya no en términos de contenido sino de fijación de límites y de imposición de demarcaciones. De otra parte, la contribución de los Medios a la valorización de la capital y su rol en la producción y distribución de cultura es especificada a través de su nuevo oficio en cuanto "productores de audiencia" y generadores de pautas de consumo.

 

Nuevos campos estratégicos

Tres campos de investigación en comunicación se configuran actualmente como estratégicos: el orden o estructura internacional de la información, el desarrollo de las tecnologías que fusionan las telecomunicaciones con la informática, y la llamada comunicación participativa, alternativa o popular.

 

I. La estructura transnacional de la información

Es éste un campo en el que los investigadores latinoamericanos están siendo pioneros y en el que su aporte está siendo fundamental tanto en la formulación del problema como en el señalamiento de alternativas. Quizá en ningún otro campo la investigación ha estado tan eficazmente articulada a la denuncia. Y es que en el estudio de esa problemática están convergiendo los conceptos más lúcidos de la investigación latinoamericana en ciencias sociales -y en especial de la teoría de la dependencia- con propuestas que recogen una vasta experiencia política y de trabajo en el ámbito de la cultura. A este respecto quisiera únicamente plantear la necesidad de ahondar en el estudio de las estructuras de producción de la información, pero no sólo en la dimensión económica de estas estructuras, que ha sido la más estudiada hasta ahora, sino también en la dimensión política e ideológica. En la política me refiero a las formas particulares y concretas de relación entre la estructura transnacional de la información y las estructuras nacionales de poder, posición de las burguesías nacionales, conflictos entre diferentes fracciones de clase y evolución a este propósito de los diferentes partidos políticos. En cuanto a la dimensión ideológica no me refiero al análisis ideológico de las noticias sino a los dispositivos ideológicos de enunciación-producción, esto es, a la división social del trabajo en la producción de información, a la especialización de las profesiones y a la sofisticación de las tareas, todo lo cual se materializa en reglas de acción y de discurso que se presentan investidas de la neutralidad de la técnica enmascarando así las determinaciones sociales que las originan y rigen. Un ejemplo, que se ubica ya al final de la secuencia de producción, es el de los códigos que, en cuanto sistemas de operaciones tecno-discursivas, regulan el hacer del camarógrafo y del editor de TV, y les permiten diferenciar angulaciones, planos y formas de montaje que corresponden al discurso "informativo" por contraposición al resto de los discursos de televisión, es decir, artísticos, de espectáculos, etc. Esos códigos trabajan desde una competencia profesional que, a semejanza de la competencia lingüística, consiste en un saber no consciente que el camarógrafo o el editor adquieren viviendo, haciendo su oficio y a través del cual se materializa un modo de ver, esto es, un imaginario socialmente producido. En todo ello encontramos la nueva forma que adquiere la vieja ideología de la objetividad, ahora reforzada por la magia de las nuevas tecnologías y de la jerga venida de la informática con las cuales de nuevo se convierte, fetichizante, en propiedad o cualidad de las cosas lo que es un producto social. A la vez que se escamotea el hecho de que es la sociedad la que define, la que determina históricamente que es objetivo y que no lo es. De manera que si un discurso aparece como objetivo frente a otro es porque las reglas que definen su producción y su consumo, están conformes a la definición social dominante no puede ser otra que la dictada por la racionalidad dominante. De manera que cambiar realmente de información implicaría cambiar de objetividad. A cada "objetivo" su objetividad. Y la de la racionalidad dominante en nuestra sociedad opera bien material y concretamente en la clasificación-separación-organización de las tareas y los discursos. Necesitamos investigar esa ideología tecnocrática que permea y esteriliza muchos esfuerzos de contrainformación, de comunicación "alternativa", precisamente porque lo alternativo en ellas no llega a cuestionar verdaderamente las estructuras ideológico-políticas de la producción de la información.

 

Las nuevas Tecnologías de Comunicaciones

La telemática, a diferencia de la electricidad, no transporta una corriente inerte sino información, es decir, poder.

El campo de las nuevas tecnologías se está convirtiendo aceleradamente en uno de los enclaves económico-políticos más decisivos del momento actual. En los países altamente industrializados, un tercio del producto nacional bruto procede ya de la manufactura o el procesado de información. Y por otra parte, el desarrollo de esas tecnologías está directamente ligado a la carrera armamentista y a la conquista espacial.

Las áreas sociales de experimentación y aplicación de las nuevas tecnologías de comunicación son principalmente:

- La automatización de los procesos productivos; su

extensión y refinamiento,

- la administración del Estado: computación de los

ficheros cívico-policiales, esto es, el paso a los

ficheros preventivos y de "perfiles globales",

- la información médica: que va de la computación en

el manejo de aparatos altamente peligrosos hasta la

"revolución" del ejército de la medicina con la

automatización de toda clase de exámenes y análisis

que disminuiría la necesidad de los especialistas,

- la enseñanza: la instrucción impartida por

computadoras "convertirá el saber en sólo saber

buscar y utilizar",

- los medios masivos: puesta en funcionamiento de los

circuitos comunicativos que permiten el feed-back

instantáneo aplicado tanto a la información para

compra de mercancías como al disfrute de programas

culturales.

Por la manera como el desarrollo de esas tecnologías es visto y proclamado por los voceros del sistema, parecería que en ellos se encuentra la solución a la crisis que atraviesa el capitalismo: la revolución tecnológica sería la única posible y, desde luego, la única eficaz. Los mas optimistas piensan incluso que esas tecnologías ofrecen no sólo una salida a la crisis económica sino un avance importante en lo político: un nuevo modelo de democracia avanzada.

Los críticos andan en general bastante desconcertados. Y sin embargo pocas veces se ha hecho tan patente que la tecnología es algo más que un conjunto de herramientas, una racionalidad práctica, e incluso la materialización de un modelo social incluidas algunas de sus contradicciones. Mirarla así no implica en forma alguna el facilismo fatalista y suicida del rechazo sino por el contrario la exigencia de un análisis especialmente lúcido de ese "nuevo" modelo de sociedad y del peso relativo pero cierto que esas tecnologías tienen ya. Necesitamos de una investigación capaz de asumir la complejidad del reto que las tecnologías tienen ya. Necesitamos de una investigación capaz de asumir la complejidad del reto que las tecnologías plantean: que no sólo relativice su eficacia-fetiche y la mistificación que produce -quizá la verdadera eficacia de las nuevas tecnologías consista en hacer que el sistema social y la racionalidad que lo sustenta salgan de la crisis intactos, y hasta reforzados- sino que sea capaz de poner al descubierto las virtualidades de transformación, las contradicciones que generan y, por tanto, las posibilidades de acción y de lucha que abren. Desglosando esa propuesta se pueden señalar como especialmente importantes de investigar:

la trasnacionalización de la telemática -fórmula francesa para nombrar telecomunicación + informática- no ya en el plano de la producción y el consumo de aparatos sino de la información en cuanto tal, esto es, de la creación de "redes" multinacionales.

los riesgos para las libertades y los golpeados "derechos humanos" que se derivan de la centralización y funcionalización política de la información sobre la vida de los ciudadanos mediante la introducción de archivos electrónicos y las fichas de "perfiles globales" en las que se almacenan inclinaciones, tendencias de personalidad, rasgos potenciales de los ciudadanos recogidos desde la adolescencia y que posteriormente podrán servir de "prueba" judicial o penal. El chantaje para obtener ese tipo de información está empezando ya a operar: si usted no suministra la información, no se deja fichar, no obtendrá la beca o el puesto de trabajo, etc.

los nuevos conflictos que provoca la remodelación de las condiciones de trabajo, en la disminución de la mano de obra necesaria y en la descalificación de ciertas tareas y la exigencias de cualificación máxima para otras, es decir la redistribución de las categorías y los niveles de decisión.

la redefinición de las relaciones entre el Estado y los medios de comunicación merced a la aceleración de la concentración de poder en las grandes transnacionales de la información y la remodelación de su rol mediador.

Por el momento, esas tecnologías y los procesos que provocan son un "privilegio" de los países ricos. Pero no se van a demorar en llegar a los países pobres. La lógica y la presión del imperialismo harán que una vez más lo países pobres necesiten, deseen y busquen al precio que sea ponerse al día en "comunicaciones"... Y América Latina antes que otros, no sólo por la cercanía de la metrópoli sino por la manera en que los propios gobiernos - tanto democráticos como dictatoriales- han asumido "la importancia y la prioridad social de los fenómenos de la oportunidad de tomar conciencia del proceso desde su inicio, de estudiarlo en gestación para poder enfrentarlo preparados. Ojalá que esa oportunidad no se malgaste.

 

III. La comunicación participativa, alternativa, popular

Aunque dicho de muchas maneras y con alcances muy diversos, desde los utópicos hasta los ceñidos a posibilidades de intervención inmediata, un propósito fundamental parece definir lo alternativo en materia de comunicación en Latinoamérica: transformar el proceso, la forma dominante y normal de la comunicación social, para que sean las clases y los grupos dominados los que tomen la palabra. Y en ese sentido la comunicación alternativa no es aquí nada nuevo ya que desde las experiencias pioneras de Paulo Freire, proyectadas después a multitud de grupos en todos los países del continente, la comunicación ha estado ligada más a la liberación del habla, de la acticidad y la creatividad popular que a la potencia el tipo de medios utilizados. Esto es importante precisamente para salirle al paso a la moda que nos llega reduciendo lo alternativo en comunicación a lo que se realiza en el ámbito de los medios masivos. No estoy afirmando que las alternativas de comunicación popular deban ser únicamente marginales a los grandes medios, que no puedan existir alternativas que involucren a los medios masivos, estoy alertando contra la ya vieja y peligroso ilusión -mcluhiana- de que lo alternativo pueda venir del medio en sí mismo. Frente a lo cual, y resumiendo las lecciones dejadas por un gran número de experiencias "alternativas" llevadas a cabo en países ricos y pobres, Vidal Beneyto afirma: "Lo alternativo o es popular o se degrada en juguete y/o en máquina de dominio. Y popular quiere decir que hace posible la expresión de las aspiraciones y expectativas colectivas producidas por y desde los grupos sociales de base. Tanto mayoritarios como minoritarios, tanto a nivel patente como latente".

Pero "lo popular" no es homogéneo, no es un "dato", y es necesario estudiarlo por tanto en el ambiguo y conflictivo proceso en que se produce y emerge hoy. De un lado está lo popular como memoria de otra economía, tanto política como simbólica, memoria de otra matriz cultural amordazada, negada. La que emerge en las prácticas que tienen lugar en las plazas de mercado campesino y aún urbano de Latinoamérica, en los cementerios, en las fiestas de pueblo y de barrio, etc. En todas esas prácticas se pueden rastrear ciertas señas de identidad a través de las cuales se expresa, se hace visible un discurso de resistencia y de réplica al discurso burgués. En pequeñas investigaciones sobre algunas de esas prácticas se hizo patente que esa memoria popular adquiere su sentido no desde la búsqueda de una recuperación nostálgica sino en la oposición a ese otro discurso que la niega y frente al que se afirma en una lucha desigual que remite al conflicto de las clases pero también más allá: al conflicto entre la economía de la abstracción mercantil y la del intercambio simbólico: Más que una alternativa en sí misma lo que esas prácticas populares nos muestran es el empobrecimiento radical de la comunicación cotidiana o festiva que trae consigo la mercantilización de la existencia social. Un empobrecimiento tan interiorizado y al que estamos ya tan habituados que sólo la comunicación popular con su contaste escandaloso puede ayudarnos a reconocerlo. Y por otra parte, esas prácticas nos plantean bien rudamente hacia dónde deben apuntar las propuestas de una comunicación que se quiera realmente participativa, esto es, que más que llevarle comunicación a las masas busque liberar su palabra.

De otro lado, está lo popular-masivo: esto es, lo masivo como negación y mediación histórica de lo popular. La "cultura masiva" es negación de lo popular en la media en que es una cultura producida para las masas, para la masificación y control, esto es, una cultura que tiende a negar las diferencias verdaderas, las conflictivas, reabsorbiendo y homogenizando las identidades culturales de todo tipo. Lo masivo es entonces la imagen que la burguesía se hace de las masas, o mejor, la imagen de sí mismas que éstas deben interiorizar para que cotidianamente sea legimitada la dominación que aquélla ejerce. En ese sentido, la cultura masiva no es algo tan nuevo, no es más que la forma que adquiere actualmente, en el estadio del capitalismo monopólico, el proyecto histórico que la burguesía produce para el pueblo desde finales del siglo XVIII al darse a sí misma un proyecto de "clase universal".

Pero lo masivo es también mediación histórica de lo popular porque no sólo los contenidos y las expresiones populares, sino también las expectativas y los sistemas de valoración, el "gusto" popular, están siendo moldeados por lo masivo de manera que, como ha dicho Dufrenne "es en esa cultura en la que hoy las masas invierten deseo y de la que extraen placer". Y ello mal que nos pese a los universitarios o intelectuales que enmascaramos con demasiada frecuencia nuestros gustos de clase tras de etiquetas políticas que nos permiten rechazar la cultura masiva a nombre de la alienación que ella produce, cuando en realidad ese rechazo es a la clase a la que le "gusta" esa cultura, a su experiencia vital otra, "vulgar" y escandalosa, a la que va dirigido.

Articulando negación y mediación encontramos que si bien lo masivo tiene mucho que ver con las modernas tecnologías de comunicación, tiene tanto o más que ver con "lo popular", en el sentido que esa expresión adquiere en el siglo XIX. Y entonces lo masivo no es algo completamente exterior, no es algo que venga a invadir lo popular desde fuera sino el desarrollo de ciertas virtualidades ya inscritas en lo popular mismo. Dicho de otra manera, ciertos paradigmas de la cultura masiva remiten a dispositivos de enunciación de lo popular que se configuran a lo largo del siglo XIX. Así, frente a la prensa "seria" comienza a gestarse una prensa popular o "sensacionalista", y frente a la literatura culta aparece la literatura popular del folletín y los almanaques, de los relatos melodramáticos y de terror. Así también se gesta una iconografía popular en la que se plasma la vulgarización, la popularización de las "grandes obras" pictóricas o con la que se educa religiosa y políticamente, pero también aquella otra iconografía en la que se plasma la resistencia, el rechazo y la burla, como en las caricaturas y los chistes gráficos.

La comunicación será alternativa en la medida en que asuma la complejidad de esos procesos, si junto al lenguaje del medio se investigan los códigos de percepción y reconocimiento, l os dispositivos de enunciación de lo popular, códigos y dispositivos en los que se materializan y expresan confundidos ya la memoria popular y el imaginario de masa. Y valga como argumento de lo dicho lo que me contó un profesional de la comunicación que trabajó durante años en Radio Sutatenza, la famosa red colombiana de emisoras de "acción cultural popular". Cuando las directivas de Radio Sutatenza hicieron su primera encuesta entre los campesinos, había en ella una pregunta obvia: ¿qué programa es el que oyen más a diario? A la que la respuesta mayoritaria fue: el rezo del rosario. Las directivas desconcertadas no podían explicarse que entre tantos programas educativos y prácticos, de información agrícola, de entretenimiento, etc. fuera el rezo del rosario el que gozara de mayor audiencia. Y convencidos de que la respuesta se debía a fallas de la encuesta o de los entrevistadores, decidieron rehacerla y lanzarla de nuevo a los campesinos. A la segunda encuesta la respuesta fue la misma: el programa preferido por los campesinos era el rezo del rosario. Uno de los encuestadores se puso entonces a preguntarles directamente a los campesinos el por qué de esa preferencia, y la respuesta fue: "Porque es el único programa en que podemos contestar a los de Bogotá, en el rezo del rosario ellos dicen una parte del avemaría y nosotros la otra, es el único programa en que no hablan ellos solos".

 

 

MODESTO A.TUÑON

 

Un nuevo

Paradigma para la Comunicación

 

El día de difuntos es una fecha que tiene una especial significación para los pueblos de América Latina. En cada país existen diferentes tradiciones que reflejan prácticas muy particulares de enfrentamientos de las culturas con esta constante biológica. En unos casos, como reconocimiento a la impotencia humana frente a la parca; en otros, como desdibujamiento caricaturesco de esta realidad macabra para poder asumirla individual o socialmente.

En México se tiene la costumbre de visitar los sepulcros y realizar actividades cuasi-festivas: se ornamentan los camposantos con múltiples expresiones multicolores; se rinde culto al árbol de la vida; se consumen calacas de azúcar o cabezas de esqueletos que llevan en la frente el nombre de quien las recibe como obsequio y, finalmente, se recuerda a los familiares.

La realidad andina tiene sus peculiaridades. En Ecuador, las familias preparan para la ocasión diferentes platos especiales como la colada morada (especie de crema de maíz rojizo), frijoles, arroz, tamal y carne de cuí (o cuy, roedor pequeño también conocido como cobayo). Visitan los cementerios como es el caso del poblado de Calderón en las afueras de Quito; sobre las tumbas de los familiares se pone la mesa y los visitantes pasan todo el día en esta degustación popular y en contacto estrecho con sus seres queridos.

Ambas experiencias, que pertenecen al legado cultural de dos sociedades, ponen de manifiesto la apropiación simbólica de la muerte y el aprovechamiento que de ella hacen los pueblos para construir un espacio de comunicación donde participan por lo general los integrantes de la familia de manera espontánea, como una fiesta llena de colorido, unión y camaradería.

Si tratáramos de interpretar estas prácticas culturales a la luz de los esquemas tradicionales de comunicación quizás nos quedaría como la figura de un equeco, esa estatuilla suramericana de una especie de buhonero a quien le cuelgan objetos por todos lados y que es concebido como un dios de la abundancia.

Pues resulta que el esquema que abstrae los actos de comunicación, concebido hace casi cincuenta años por Shannon y Weaver en su Teoría Matemática de la Comunicación y luego ampliado por otros estudiosos, entre ellos Wilbur Schramm, es un modelo agotado para comprender a cabalidad el complejo proceso de comunicación donde intervienen individuos y grupos que intercambian mensajes como producto de una permanente actividad que les es intrínseca.

El modelo matemático de los autores mencionados, tenía un fundamento funcionalista que, de acuerdo con ideólogos de esta corriente, como Max Weber, construye sus modelos a partir de una transportación de una realidad conocida y obvia a la estructura de proyectos.

Es así como a Shannon y Weber, quienes trabajaban en la industria eléctrica, les pareció útil el esquema de conducción de la energía para aplicarlo a la interacción binaria de comunicación: un emisor y un destinatario; un canal y un mensaje que circula a través de ese conducto en un sentido y que luego Schramm ampliaría con otros elementos como el de la retroalimentación y la noción de marco referencial.

Este autor comprende posteriormente la imposibilidad de explicar la variante masiva con el esquema y concibe un modelo conocido como "La Tuba".

Había que preguntarse por qué este modelo sigue aún vigente a pesar de que la comunicación internacional ha avanzado tanto en términos conceptuales; un ejemplo de esto es la noción de autopistas de la información. Sucede que el diagrama en mención expone gráficamente la realidad de una relación de comunicación dominante; es decir, reproduce una interacción comunicacional que surge a lo interno de un marco socioeconómico imperante y caracterizado por la desigualdad.

Ahora, esto no invalida la utilidad del esquema dentro de ese escenario. Las categorías utilizadas, por ejemplo la de capacidad del canal contra fidelidad del mensaje, han hecho posible una gran cantidad de innovaciones como la informática, la cibernética, los satélites y otras disciplinas que asientan sus principios en el aprovechamiento de señales y las consideraciones técnicas del proceso.

El vicio del esquema consiste en interpretar las constantes y variables del mismo como un paradigma de status y que por tanto intenta conferir a los medios de comunicación un excesivo protagonismo en la vida cotidiana. Tanto es así que Armand Mattelart los ha caracterizado como "fetiches" al pasar de instrumentos a entes con una especie de conciencia propia.

La prensa, radio y televisión ocupan una presencia en el contexto de las relaciones sociales que muchas veces tiene más peso que el de las instituciones creadas en la vida democrática. En no pocas ocasiones pareciera, y lo peor es que hay un aval para esto, no existir un límite entre fuente y medio; entre quien transmite y quien genera (con algún interés) el mensaje.

La cultura tiene como una de sus particularidades la capacidad de reproducción de la realidad a través de numerosas opciones expresivas que son potestad de los conglomerados sociales. En términos generales todos los grupos tienen la capacidad de expresarse a través del discurso. Históricamente perfeccionan sus instrumentos y articulan las formas, mientras que su praxis les ofrecen el caudal para sus contenidos.

Dentro de cada grupo o comunidad existen clases y acuerdos tácitos para la configuración de un engranaje significativo o código que no es solamente oral y escrito, adquiere su manifestación en aquellas formas que la misma comunidad ha adoptado.

Esta condición le da al proceso una riqueza que resulta compleja pero rica en creatividad y que no puede ser reducida a un diagrama lineal.

El universo discursivo es una tarea que se construye diariamente donde entran en juego categorías como la contradicción; ésta genera la interacción que a su vez conduce a un rejuego de acuerdos y negociaciones que van dando forma a la identidad cultural, que se traduce en lo original, lo que diferencia a los grupos entre sí, lo que explica la diferencia tan marcada entre una noche de brujas o "Halloween", celebración estadounidense, y un día de difuntos al estilo latinoamericano. (Santo Domingo, 12 de Marzo de 1995)

DANIEL PRIETO CASTILLO JESUS MARTIN BARBERO MODESTO A. TUÑON

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